La mayoría de los adolescentes ha consumido alcohol en el último año y dos de cada diez consumió marihuana o tabaco. A su vez, el alcohol, los tranquilizantes sin prescripción médica y el tabaco son las sustancias que los estudiantes comienzan a consumir a edades más tempranas. Los datos surgen de la VIII Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Media 2018, una encuesta bianual que hace desde 2003 el Observatorio Uruguayo de Drogas. Esta última edición se aplicó entre agosto y octubre de 2018, cuando fueron encuestados 5.228 adolescentes de entre 13 y 17 años de 100 centros educativos de todo el país (liceos públicos, privados y escuelas técnicas ubicados en ciudades de más de 10.000 habitantes).

En la presentación, Diego Olivera, secretario general de la Junta Nacional de Drogas (JND), y Martín Rodríguez, director ejecutivo del Instituto de Regulación y Control del Cannabis, valoraron que las casi dos décadas de producción sistemática de información sobre el consumo de drogas permite tener una gestión basada en la evidencia y estimular el debate público informado, lejos de preconceptos.

Alcohol y energizantes

Esta es la única droga que ha consumido la mayoría de los estudiantes, y el registro de 2018 es el más alto en toda la serie histórica: 84% consumió alcohol alguna vez en su vida; 72,1% lo hizo en el último año y 47,8% en el último mes. Es, también, la droga de inicio más temprano: en promedio a los 12,8 años, la misma edad a la que comenzaban, en promedio, en 2003. 61% probó el alcohol antes de cumplir los 15.

“El consumo de alcohol sigue estando en niveles preocupantes para lo que es esta edad”, comentó Olivera en diálogo con la prensa. Dijo que preocupa que los primeros consumos se den entre los 12 y 13 años y señaló que en términos sanitarios “este es uno de los grandes desafíos que tiene el país por delante”. Una de las grandes metas del gobierno de Tabaré Vázquez fue hincarle el diente al consumo problemático de alcohol: para eso conformó una comisión interpartidaria y en 2017 presentó un proyecto de ley para regularlo. La norma se aprobó recién a fines de 2019 y todavía no se ha reglamentado. Consultado al respecto, Olivera dijo que se está trabajando para “dejar armada y eventualmente aprobada” la reglamentación, pero que eso dependerá del Poder Ejecutivo. “Nos hubiera gustado tenerla aprobada mucho antes, porque no vamos a poder implementarla”, reconoció, pero dijo que es “un logro” tenerla. Olivera recordó que “es necesaria una transformación cultural”: “Los uruguayos todavía consideramos a las bebidas alcohólicas como parte absolutamente normalizada de la cultura y no se problematiza como el consumo de otras sustancias o como pasó con el tabaco, en donde sí hubo un gran cambio cultural”, dijo. La propuesta es involucrar a las familias y a las instituciones educativas para aplazar lo más posible el consumo de esta sustancia; lo ideal es que sea posterior a los 18, pero todo año que se logre postergar será visto como un logro.

La edad a la que un adolescente probó alcohol o si lo consumió alguna vez en su vida puede no ser el principal indicador; por eso, tal como explicó Jéssica Ramírez, del Observatorio Uruguayo de Drogas, se evalúan también los episodios de abuso en los últimos 15 días. Se entiende abuso por ingesta el consumo (en una misma ocasión) de dos litros de cerveza o más, o de tres cuartos de litro de vino, o de cuatro o más medidas de bebidas destiladas (equivale a 80 gramos en sangre). Se les preguntó a quienes habían consumido alcohol en los últimos 30 días si alguno había tenido un episodio de abuso en los últimos 15, y 59,8% respondió que sí. Extrapolado al total de estudiantes, se ve que casi tres de cada diez estuvo en esa situación. En cuanto a las diferencias de género, en 2003 y hasta 2009 más varones que mujeres habían consumido alcohol en el último año, pero luego las proporciones llegaron a ser idénticas, y a partir de 2014 las chicas superaron a los varones (aunque la brecha es menor que en 2003). En los episodios agudos, están prácticamente iguales. “Las diferencias entre varones y mujeres se han atenuado a lo largo del tiempo, los sesgos están tendiendo a desaparecer”, evaluó Olivera.

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En cuanto a las bebidas energizantes, Olivera comentó que “la población en general puede no considerarlas una droga, pero por el efecto psicoactivo, por el efecto estimulante, la fuerte presencia de cafeína y otras sustancias estimulantes nos preocupa, porque en combinación con las bebidas alcohólicas puede aumentar el daño y el efecto nocivo que tiene en alguna forma de consumo que tienen los adolescentes, que es consumir mucho en una sola instancia, en una sola noche”, detalló. Lo que ocurre es que los energizantes prolongan el tiempo durante el cual se está consumiendo alcohol “y eso muchas veces ocasiona cuadros de intoxicación aguda que terminan con atención médica”, dijo.

Según la encuesta, 39,3% de los estudiantes ha consumido bebidas energizantes en los últimos 12 meses y, junto con el alcohol, esta es la sustancia que mostró mayor crecimiento en el consumo de estudiantes con respecto a 2016.

Marihuana y tabaco

“Entre 2016 y 2018 no hay incremento en la cantidad de consumidores de marihuana”, destacó Olivera, y dijo que es un dato importante, porque es uno de los aspectos que se miran con preocupación a partir de la ley de regulación del cannabis, que se aprobó a fines de 2013. “Es una tendencia que va a tener que seguir estudiándose a lo largo del tiempo, pero no hay una expansión del consumo de marihuana entre adolescentes”, resaltó.

Dos de cada diez estudiantes encuestados fumaron marihuana en el último año (19,7%), 24,8% lo hizo alguna vez en su vida y 11,1% lo hizo en el último mes. La prevalencia del consumo durante el último año ha ido creciendo desde 2003, cuando apenas pasaba el 8%, pero esa situación también se da en Argentina, Chile, Estados Unidos y España. Debido a la enorme diferencia que es tener 13 o 17 años, la encuesta distinguió según tramos etarios; la prevalencia del consumo en el último año de quienes tenían 13 y 14 años fue de 5,9% en 2018, de 20,9% entre quienes tienen 15 y 16, y de 34,1% entre los de 17 en adelante. La edad promedio de inicio es a los 14,8 años, valor que se ha mantenido estable desde 2013, cuando se situaba en los 14,9 años.

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De manera similar a lo que ocurre con el alcohol, en estos 15 años de encuestas se borraron las diferencias entre mujeres y varones.

Se evaluó también el nivel de consumo problemático utilizando la escala CAST (Cannabis Abuse Screening Test) por medio de preguntas como, por ejemplo, si ha fumado marihuana antes del mediodía, si ha intentado reducir o dejar de consumirla y no lo ha conseguido, o si ha tenido problemas debido a su consumo (peleas, accidentes, mal rendimiento académico). La mayoría (64,1%) de los que habían fumado en los últimos 12 meses presentó riesgo bajo, pero 13% fue identificado como de “riesgo alto”, proporción que, extrapolada al total de estudiantes, es de 2,3%.

La edad promedio de inicio del consumo de tabaco es la única que varió significativamente entre 2003 y 2018: pasó de estar en los 13,3 años a situarse en 14,3 años.

En concreto, 27,8% de los encuestados respondió que fumó tabaco alguna vez en su vida, 18% lo hizo en el último año y 10,4% en el último mes; todos los valores son similares a los de la encuesta de 2014. Desde 2003 al menos, el consumo en las mujeres sobrepasa al de los varones.

Tranquilizantes y otras drogas

Uno de cada cinco estudiantes encuestados consumió tranquilizantes alguna vez en su vida (20,7%) y 11,7% lo hizo en el último año. Preocupa especialmente la prevalencia del consumo sin prescripción médica: 8,3% entre quienes respondieron que los consumieron alguna vez en la vida y 5,1% de los que lo hicieron en el último año. Muchos acceden porque los psicofármacos están en sus casas. Así como ocurre con edades adultas, las mujeres consumen más tranquilizantes que los varones. Con respecto al consumo sin receta, Olivera comentó que el uso de tranquilizantes “quizás esté algo más normalizado de lo que sería conveniente para una sociedad” y dijo que “a veces el medicamento está revestido de una condición de que hace bien per se”, pero que el beneficio se da siempre y cuando esté “en el marco de un tratamiento, tenga supervisión médica y que se consuma exclusivamente con la prescripción adecuada”. La edad promedio de inicio de los tranquilizantes es a los 13,5 años.

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Por otra parte, 3,5% de los encuestados respondió haber consumido cocaína en su vida y 2,2% durante el último año. La proporción es similar a la registrada en las dos encuestas anteriores. 2,9% dijo haber consumido drogas alucinógenas alguna vez en la vida y 2,5% dijo haber probado éxtasis. 0,9% dijo haber consumido pasta base alguna vez en la vida, proporción estable desde 2011.

Factores de protección o de riesgo

“El consumo de cualquier droga es menor en los estudiantes que tienen padres con un alto involucramiento en sus actividades que entre los que tienen padres con bajo involucramiento”, expresa la gacetilla de prensa. “Los hijos de padres que conocen a sus amigos, saben lo que les pasa, almuerzan con ellos refuerzan significativamente el descenso de consumo de sustancias”, afirmó Ramírez. A modo de ejemplo, dijo que el consumo de marihuana en el último mes es de 8,2% entre quienes son hijos de padres con un alto nivel de involucramiento y de 20,1% en los de bajo nivel; en el consumo de tabaco la brecha entre ambas situaciones es de 7,9% a 19,4% mientras que el consumo de cocaína alguna vez en la vida es de 1,6% entre quienes tienen padres con un alto involucramiento y de 10,1% entre quienes tienen uno bajo.

Por otra parte, Ramírez apuntó que el consumo del adolescente varía en función de si hay un mayor consumo en el hogar, tanto en tabaco como en alcohol, particularmente por la facilidad de acceso. Dijo que la mayoría de los estudiantes obtiene el alcohol en sus casas, y que el consumo de marihuana trepa de 9% a 39% si hay consumo en el hogar.

“La implicación e involucramiento de los padres con sus hijos, sus actividades y su mundo, entornos familiares contenedores con estándares claros de conducta, son factores de protección extremadamente relevantes en los primeros años de la adolescencia”, concluye el estudio.