Los números definitivos de nacimientos y mortalidad infantil de 2019 se tendrán recién a fines de marzo, pero, con un pie en el estribo, las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MSP) resolvieron difundir este jueves los datos preliminares, porque muestran el impacto de algunas de las políticas en las que la cartera puso énfasis: la reducción del embarazo adolescente, el descenso de la prematurez y del bajo peso al nacer, y el combate a los problemas críticos nutricionales en la primera infancia.

En 2019 hubo 37.448 nacimientos en Uruguay, 2.671 menos que en 2018. La reducción se produjo en todos los grupos etarios (excepto dos nacimientos más que hubo en el grupo de mujeres de 45 a 49 años y otros dos de mayores de 50 años), pero la mayor contribución al descenso la dio el grupo etario de 20 a 24 años, seguido por el de menores de 19 años (que, a su vez, habían explicado el mayor descenso en 2018). Esta fue una política buscada por el gobierno actual, que desarrolló un trabajo interinstitucional para reducir las tasas de embarazos no deseados en adolescentes. Entre 2005 y 2014 la tasa de fecundidad adolescente estuvo estancada en el entorno de 60 por 1.000 y a partir de 2015 comenzó a descender, y en 2019 se situó en 31,5 cada 1.000 adolescentes, prácticamente la mitad, valoró el ministro de Salud, Jorge Basso.

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Sigue preocupando el número de nacimientos en niñas menores de 14 años: en 2019 fueron 83, en 2018 habían sido 71 y en 2017, 98. Basso señaló que en esos casos hay una vulneración de derechos asociada a situaciones de violencia. Con estos casos, hay que trabajar uno a uno, dijo Claudia Romero, referente del área de Salud de la Niñez del MSP, y advirtió que muchas de esas niñas abandonaron el sistema educativo antes de quedar embarazadas.

La tasa global de fecundidad en el país en 2019 se situó en 1,5 (es el promedio de hijos por mujer); desde 2003 está por debajo de la tasa de reemplazo poblacional, pero esto ocurre en más de 50% de los países, matizó Basso.

En diálogo con la prensa, Wanda Cabella, docente del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, valoró que Uruguay logró mover la aguja de la tasa de fecundidad adolescente, que estaba estancada, a partir de la política comunicativa y de oferta de métodos anticonceptivos que desplegó esta administración, fundamentalmente con los implantes subcutáneos suministrados a usuarias de la Administración de los Servicios de Salud del Estado. De este modo, dijo que parece acortarse la brecha entre las adolescentes menos educadas y más educadas, porque estas últimas tienen su primer hijo alrededor de los 31 o 32 años. Los académicos entienden que las mujeres menores de 24 años que no tuvieron hijos los tendrán más adelante: “Conociendo las experiencias de otros países, lo que suponemos que va a pasar es que estas mujeres no es que dejaron de tener hijos, simplemente lo aplazaron, y vamos a ver que es una recuperación de la fecundidad en un tiempo que no podemos determinar”, explicó. “La maternidad coarta otras oportunidades –estudiar, trabajar, estar mejor en el mercado de empleo– y eso va a implicar que la transmisión de activos y recursos a sus hijos va a ser mejor”, dijo.

Por otra parte, las autoridades descartaron que el descenso esté relacionado con las interrupciones voluntarias del embarazo: según los datos preliminares, en 2019 hubo 10.227 abortos, 1,5% menos que en 2018.

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Mortalidad y nutrición

Otra buena noticia es que se mantiene la tendencia descendiente de la mortalidad infantil alcanzada en los últimos 15 años. En 2005 la tasa de mortalidad de menores de un año era de 12,7 cada 1.000 nacidos vivos, y en 2019 se ubicó, según las cifras preliminares, en 6,8. En números: en 2004 habían fallecido 659 menores de un año y en 2019 fueron 255. En esto incidió el mejor control de las embarazadas (por lo que se les da un estímulo económico a las instituciones de salud) y la incorporación al plan de salud de la ecografía estructural y la oximetría de pulso, lo que incide en la detección de malformaciones congénitas y en factores de prematurez.

Por otra parte, Romero adelantó los resultados de la encuesta nacional de lactancia, prácticas de alimentación y anemia en menores de 24 meses usuarios del Sistema Nacional Integrado de Salud. Estos datos muestran que padece anemia 23,8% de los niños que tienen entre seis meses y dos años (en 17% es leve), lo que continúa la tendencia descendiente (en 2011 estaba en 31,5%).