Hay muchos mitos que giran en torno al suicidio y que es necesario derribar; el tema debe estar sobre la mesa y es importante que se conozcan los recursos que ofrecen ayuda. Uno de ellos es la Línea Vida (*0767 y 08000767), que se lanzó hace un año y recibió 2.600 llamadas, afirmó en diálogo con la diaria Juan Triaca, referente de la línea y adjunto a la Dirección de Salud Mental y Poblaciones Vulnerables de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). A pesar de que la línea telefónica funciona en la órbita de ASSE, atiende a cualquier persona que piense que necesita el servicio, ya sea alguien con dificultades personales o que solicite orientación para un allegado.

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Hoy la Comisión Nacional Honoraria de Prevención presenta los últimos datos nacionales, que indican un leve aumento en la tasa de suicidio cada 100.000 personas en comparación con 2017: se pasó de 19,64 a 20,25; esto significa que 710 personas fallecieron por autoeliminación en 2018. Estos niveles siguen ubicando a Uruguay muy por arriba de la tasa de la región que es de alrededor de diez cada 100.000; de todas formas, este dato debe ser tomado “con cuidado”, advierten las autoridades, porque en el resto del continente el registro de defunción no es tan preciso y confiable como en Uruguay, por lo que la elevada tasa en comparación puede responder, en parte, a un subregistro de los demás países.

Al desglosar los datos se mantiene la tendencia de años anteriores: los hombres se suicidan más que las mujeres; en 2018, 76,76% fueron varones y 23,23% fueron de mujeres, aunque esta tendencia tiende a revertirse al observar los intentos de autoeliminación. En cuanto a las edades, se notó una baja de los suicidios entre los jóvenes de entre 15 a 19 años, que tuvieron una tasa de 8,85 cada 100.000, y un aumento en los adultos mayores de 70 años, que llegaron a una tasa de 36,06.

La disminución de la incidencia de suicidios en Uruguay forma parte de los objetivos sanitarios nacionales que se propuso en 2015 el Ministerio de Salud Pública (MSP); para establecer esa meta, el MSP había tomado como referencia la tasa de suicidios de 2013, que se ubicaba en 16 casos cada 100.000 habitantes. Ayer, en una reunión con la prensa, el ministro de Salud Pública, Jorge Basso, insistió en la necesidad de desmitificar el problema y de reafirmar las vías de prevención, como la posibilidad de llamar a la Línea Vida, que atiende las 24 horas, de todos los días del año. Uno de los mitos mencionados fue el que dice que “el suicida está decidido a morir”; los técnicos reafirmaron que, por el contrario, “suelen ser ambivalentes acerca de la vida y la muerte”. Negaron, también, que la mayoría de los suicidios ocurran repentinamente, sin advertencia, y sostuvieron que “suelen estar precedidos por signos de advertencia verbales o comportamentales”. Reafirmaron, también, que “ningún tratamiento es excluyente del principal recurso con el que cuenta una persona: sus afectos, familia, amigos, referentes, y su comunidad”, así como la necesidad de generar estrategias coordinadas.

Línea Vida

Triaca destacó que la baja cantidad de llamadas no permite establecer muchas relaciones con la tasa a nivel nacional, pero desde el punto de vista estadístico el año de trabajo sirvió también para desterrar algunos mitos: “Pensábamos que los fines de semana por la noche podían ser los días que más llamaba la gente, pero no es así: llaman en la tarde, los jueves o viernes. Tampoco hemos encontrado claridad en los números como para determinar una correlación con alguna época del año o con algún hecho particular”. Resaltó que este aumento en la tasa de suicidio “hace aun más necesario este tipo de servicios, por eso tenemos que darle más difusión, así como pensar en el diseño de otros recursos, en los que esté presente la palabra para tratar de contener desbordes emocionales que pueden llevar a un intento o a un suicidio”.

El responsable evaluó como “muy bueno” el funcionamiento de la línea, en virtud de la contención que se ha hecho en varios casos: “Se dieron algunas situaciones en las que el dispositivo de la Línea Vida acompañó a la persona hasta que llegó la ambulancia o hasta que llegó a un servicio de salud”, comentó. Sin embargo, la línea aún tiene varios aspectos que mejorar: “todavía no sabemos si alguien que llamó y se estabilizó, más tarde concretó el suicidio”, expresó.

El seguimiento de los intentos de suicidio es algo que el MSP decretó en 2017 pero todavía no se implementa de forma adecuada. El problema de la conexión es algo que también preocupa a Triaca: “No tenemos el registro porque eso implicaría un seguimiento que el servicio de la Línea Vida no está pudiendo hacer de momento. Para eso habría que hacer una conexión con todos los servicios de salud, públicos y privados, del país. Es bastante difícil; no obstante, es muy importante que algún día podamos hacerlo”.

Consultado sobre si la Línea Vida vuelve a llamar a las personas que se comunicaron, Triaca respondió que no, porque no es posible hacerlo: “Lo hemos pensado muchísimo, pero se requeriría otro cuerpo de operadores que se destinaran a eso, porque lo que puede pasar es que un operador esté ocupado haciendo un seguimiento y no pueda atender a una llamada entrante. Tenemos un problema de presupuesto que limita estas cuestiones”. La línea tiene 12 operadores que trabajan por turnos. Son licenciados en Psicología y en Enfermería, que fueron capacitados y venían trabajando en líneas asistenciales, siempre trabajan en dupla y en algunos casos, cuando hay más demanda, hacen turnos de a tres. El trabajo en duplas no se debe simplemente a que haya más personas disponibles para atender el teléfono, sino a que “la interlocución entre ambos en algunas situaciones difíciles es fundamental o mientras alguien está conteniendo, conversando, la otra persona puede estar haciendo coordinaciones con otros servicios asistenciales”.