Fueron 4.131 las situaciones de violencia hacia menores que atendió en 2018 el Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav), lo que equivale a más de 11 situaciones por día. En 22% de los casos (908) las víctimas fueron bebés y niños de 0 a 5 años, pequeños que sufrieron violencia emocional a veces sumada a la violencia física. Detectar estas situaciones e intervenir a tiempo es fundamental, pero hasta el momento no existía un protocolo específico que trabajara con la primera infancia. Ayer el Sipiav llenó el vacío con la presentación de la Guía para la atención de niñas y niños de 0 a 3 años en situación de violencia, en el anexo del Palacio Legislativo, ante una sala colmada. La coordinadora del Sipiav, María Elena Mizrahi, explicó a la diaria que “era necesario tener una guía para los técnicos y operadores que trabajan en primera infancia para poder aprender a mirar, porque la comunicación de los niños se refleja sobre todo en indicadores inespecíficos y esta es una franja etaria donde si hay violencia, el riesgo es altísimo”.

En 93% de los casos de violencia a menores, el agresor fue un familiar directo o integraba el núcleo de convivencia; por esto las situaciones de violencia suelen ser detectadas en los centros educativos cuando el niño se visualiza en un contexto de confianza. Según Mizrahi, el consejo fundamental para los técnicos y operadores en infancia es entender que no deben trabajar solos: “Tenemos un comité de recepción local en cada uno de los departamentos, donde están los diferentes técnicos que podrán abordar la situación desde una perspectiva interdisciplinaria”. Se debe atender primero cualquier condición que afecte a la salud del niño y luego comenzar con un proceso de recuperación desde lo emocional.

“Lo que se busca siempre es que haya algún otro referente adulto de la familia, es preferible apoyar a esas familias para que esos niños no tengan que vivir por orden judicial con protección de 24 horas por parte del Estado; esa situación es un mensaje muy confuso para los niños, porque dicen que sufren violencia y es a ellos a los que se les cambia la forma de vida, por eso tratamos de evitarlo”, explicó la coordinadora. De todas formas, aclaró que este sistema presenta ciertas debilidades “en cuanto al seguimiento”: “Nosotros podemos intervenir y cesar la violencia, pero no quiere decir que, de acuerdo a lo estructural que es la violencia y a los vínculos relacionales en esa familia, no vuelva a suceder”.

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Según el Informe de Gestión del Sipiav, el año pasado 34% de los casos atendidos entre cero y tres años fue de maltrato físico, 29% maltrato emocional, 28% negligencia y 9% abuso sexual; estas cifras varían según la edad de la víctima. Del total de casos atendidos se desprende que la mayoría de las situaciones fueron crónicas y recurrentes, y 58% de los niños y adolescentes tuvieron dificultades para visualizarse en las situaciones de violencia.

La ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, participó en la presentación y destacó que el instrumento es “parte de una estrategia de política pública que busca garantizar el pleno derecho. Es un avance cualitativo muy importante en un escenario de protección integral que va reafirmando la importancia de invertir en la primera infancia desde una mirada intersectorial e interinstitucional”. También intervinieron la directora general del Hospital Pereira Rossell, Victoria Lafluf, y la presidenta del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay, Marisa Lindner. Ambas felicitaron la iniciativa y Lindner subrayó que la Guía es “resultado de un proceso y acumulación de experiencias de los equipos de trabajo que cotidianamente comprometen sus esfuerzos para dar respuesta a aspectos difíciles de captar, de comprender y de dar respuesta”.

Estar atentos

Detectar las situaciones de violencia es difícil, sobre todo en edades en las que todavía no se desarrolló el habla. Los indicadores “son una señal de alarma que puede estar asociada a una situación de violencia”, define la Guía, que especifica que un indicador “no permite por sí solo establecer categóricamente que se trata de una situación de maltrato o abuso sexual”. Las señales a tener en cuenta son varias, pero se pueden dividir en indicadores físicos, manifestaciones tónico-emocionales y cambios en la interacción entre el adulto y el niño.

La Guía aclara que en el maltrato suelen predominar las manifestaciones psicológicas, emocionales y conductuales sobre los hallazgos físicos. También advierte que la realización de un examen físico es siempre competencia del sector salud, pero alientan a los educadores a consultar al médico ante cualquier signo de violencia física porque, aunque no sea una situación de maltrato, puede ser otro cuadro clínico grave. Entre las señales físicas que se pueden observar en cuadros de violencia están los hematomas en la piel, infecciones cutáneas, desnutrición, episodios de apnea (suspensión transitoria de la respiración), enrojecimientos infectados en la zona del pañal.

Las expresiones de corte emocional son muy amplias y por lo general se mueven entre dos polos: uno más reactivo, con manifestaciones corporales exacerbadas, y un polo más restrictivo, con manifestaciones tan calmadas que pasan desapercibidas. Los profesionales recomiendan prestar atención a las reacciones de los niños al contacto con adultos, por ejemplo cuando se les da la mano o se los toma en brazos, a la mirada, a su forma de comunicarse y tratar a los demás niños, a su alimentación (rechazo de la comida o comer sin saciarse) y su sueño (si no puede dormir o si está muy cansado). En el caso de los bebés, en los que apenas se pueden distinguir manifestaciones de algún tipo, Mizrahi señaló que la violencia se detecta por medio del contacto con la familia y la comunidad: “Podemos ver algunas manifestaciones físicas, pero sobre todo vemos a las familias, estamos en contacto con ellas y pueden expresar algún signo de advertencia que se debe reconocer”.

Para todas las edades los recursos más importantes son “la observación sensible, la actitud receptiva y la escucha atenta”. Siempre se debe creer en la palabra del niño, que es la evidencia por excelencia de una situación de maltrato; además, recomiendan dejar que el niño se exprese, transmitir que no tiene la culpa de lo sucedido y agradecer la confianza.

Línea Azul 0800 5050. En caso de sospecha de que un niño esté viviendo una situación de maltrato o abuso sexual: Dirigirse a alguna institución del barrio que tenga contacto con el niño; relatar a los técnicos lo que se sospecha; buscar la ayuda de otra persona. No intentar resolverlo solo.