En 2018 hubo 40.139 nacimientos en nuestro país: 2.897 menos que en 2017, lo que acentuó la caída que se registra desde 2016; las cifras están bastante lejos de la realidad de antes de 2002, cuando el promedio anual superaba los 50.000 nacimientos. La tasa global de fecundidad en 2018 se situó en 1,6 hijos por mujer en edad reproductiva, lo que implica un descenso sostenido en los últimos cuatro años (en 2015 estaba en 1,95 hijos por mujer). Al presentar los datos, el ministro de Salud, Jorge Basso, dijo que desde 2003 Uruguay presenta una tasa global de fecundidad “por debajo del reemplazo”, es decir, menos de 2,1 hijos por mujer, y aclaró que, según datos de la Organización de las Naciones Unidas, 46% de la población mundial vive en países de baja fecundidad. Aclaró que nuestro país no alcanza todavía el límite de “muy baja fecundidad”, en el que la tasa global se sitúa en menos de 1,5 hijos por mujer.

La fecundidad cayó en todos los grupos etarios, salvo un leve crecimiento que se registró en el grupo de mujeres de 45 a 49 años, que Basso atribuyó al mayor acceso a los procedimientos de fertilización asistida. La caída fue mayor entre adolescentes y mujeres de menos de 25 años (explican 53,27% de la caída), aunque todavía preocupa que se hayan convertido en madres 71 niñas de menos de 14 años. Basso subrayó que la tasa específica de fecundidad de adolescentes alcanzó el mínimo histórico de 36 por 1.000 (en 2015 era de 55 por 1.000), lo que lo aleja de la media latinoamericana (67 por 1.000), aunque todavía está significativamente por encima de lo que ocurre en los países desarrollados. El ministro aclaró que el descenso no se explica por el aumento de interrupciones voluntarias del embarazo, porque si bien en 2018 hubo 881 abortos más que en 2017, las cifras se han estabilizado en los últimos tres años (en 2018 fueron 10.711, 9% más que en 2017).

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Al interpretar los datos, Wanda Cabella, docente del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, explicó que hace mucho tiempo que Uruguay tiene una fecundidad relativamente baja; repasó que se produjo un descenso importante en el período 1996-2004, que luego, entre 2005 y 2015, hubo diez años de estabilidad, a lo que siguió el actual período de “caída abrupta”, que además ocurre en un período de tiempo muy corto. La academia todavía no llega a explicar este cambio. Cabella precisó que se esperaba la caída de embarazos de mujeres de 15 a 23 años pero que sorprendió que “ocurriera tan rápidamente”. Detalló que cayó en todos los grupos etarios menores de 39 años, en todos los departamentos, y que además “hay menos participación de primeros hijos de segundos hijos, terceros hijos y cuartos hijos”, lo que demostró que “todavía había espacio para que un grupo de mujeres que quería limitar su descendencia lo hiciera, y encontró las condiciones”. Estimó que las mujeres jóvenes que no tuvieron sus hijos probablemente los tengan en los próximos dos o tres años, y que se esté ante un aplazamiento de la maternidad, que pueda hacer repuntar las cifras de fecundidad en un futuro. Dijo que no hay una sola política que explique la caída, y mencionó la incidencia de la implementación de políticas de salud sexual y reproductiva, como la canasta de anticonceptivos, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la estrategia de la prevención del embarazo adolescente no intencional –por ejemplo, con el implante subdérmico–. Cabella saludó que “es la primera vez en décadas que la fecundidad total cae gracias a la fecundidad adolescente y temprana, y no en detrimento de ella”. No obstante, considerando el desarrollo de esas adolescentes, señaló que no hubo cambios importantes en el acceso a la educación: “Deberíamos tratar de entender qué va a pasar con las adolescentes y jóvenes que efectivamente lograron reducir su fecundidad, pero que en principio, en términos de proyectos educativos, no parece que hubiera todavía grandes ofertas o cambios que les permitieran modificar sus proyectos de vida”.

Mortalidad infantil

La tendencia sigue siendo decreciente. En 2018 fallecieron 269 niños menores de un año, lo que arroja una tasa de mortalidad infantil de 6,7 cada 1.000 nacidos vivos; en 2005 la tasa era de 12,7 cada 1.000 nacidos vivos. En cuanto a las causas, 46,1% estuvo vinculado al período perinatal (principalmente trastornos relacionados con la prematurez) y 33,8% se debió a malformaciones congénitas.

La tasa de mortalidad en menores de cinco años se situó en 2018 en 8,3 cada 1.000 nacidos vivos. Aunque registró un incremento respecto de 2017 (cuando fue de 7,9 cada 1.000), continúa la evolución descendiente: en el año 2000 era de 16,47 cada 1.000 nacidos vivos.

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