El cáncer de cuello de útero “es un medidor de cuál es la situación económica, cultural y social de un país”: los países desarrollados han logrado controlar esa enfermedad, pero los más pobres todavía tienen que lidiar con ella. La frase la dijo Álvaro Luongo, presidente de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer (CHLCC) y director del Instituto Nacional del Cáncer (Administración de los Servicios de Salud del Estado, ASSE) el lunes, previo al Día de Prevención de Cáncer de Cuello Uterino, que se conmemoró ayer. Uruguay parece estar a mitad de camino: en los países con un índice de desarrollo humano (IDH) muy alto, este cáncer tiene una incidencia de 9,4 casos cada 100.000 habitantes y una mortalidad de 3 cada 100.000 (tasa estandarizada por edad); en los países con IDH alto tiene una incidencia de 11,1 casos y una mortalidad de 4,9 cada 100.000; en Uruguay la incidencia es de 12,4 y la mortalidad de 5,4 cada 100.000, mientras que en los países de bajo IDH, la incidencia alcanza a 29,8 casos y la mortalidad es de 23 cada 100.000.

Si bien la tasa de mortalidad del cáncer de cuello uterino ha mejorado en nuestro país desde 1998 a un ritmo de 1,5% anual, explicó Enrique Barrios, coordinador del Registro Nacional de Cáncer de la CHLCC, “queda mucho por hacer”, afirmaron los referentes de la comisión y del Ministerio de Salud Pública (MSP). En eso ha incidido el trabajo de la comisión que en 1994 impulsó el test del papanicolaou (PAP) como estudio de tamizaje, tarea que asumió el MSP en 2012. Pero la cobertura de los estudios que detecten a tiempo las lesiones es, justamente, algo a mejorar, porque la cobertura del PAP tiene un promedio nacional de 56% (datos de 2012). Ese porcentaje es un promedio: es inferior entre las usuarias de ASSE. A su vez, la incidencia de este cáncer es mayor en algunos departamentos, como Artigas, Salto, Rivera, Cerro Largo y Flores, algo que en los casos de Artigas, Rivera y Cerro Largo está asociado al mayor porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza. Es decir que también dentro de nuestro país pesan las condiciones económicas desfavorables.

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El subsecretario de Salud, Jorge Quian, recordó que el MSP está trabajando para que las instituciones de salud tengan una actitud más activa y capten a las mujeres que no se han hecho el PAP en los últimos años. El retraso en los diagnósticos se ve reflejado, por ejemplo, en la etapa de la enfermedad en que se detecta este cáncer: en el quinquenio 2011-2015, 52,63% de los casos se detectó en el estadio I (de menor afectación), 18,76% en el II (juntos suman 71,4%), 20,78% se diagnosticó en el estadio III, y 7,83% en el IV.

Por otra parte, las autoridades apuestan a que la incidencia del cáncer disminuya en los próximos años, a partir de la cobertura de la vacunación contra el HPV.

Test de HPV

Guillermo Rodríguez, coordinador del área de prevención de cáncer de cuello uterino de la CHLCC, destacó la importancia de mejorar el tamizaje a través del test de HPV, una nueva tecnología que “ha demostrado que si es bien aplicada puede ser más eficaz que el test del PAP para detectar las lesiones precancerosas”. Adelantó que la CHLCC viene desarrollando desde 2014 una experiencia piloto –a raíz de la participación en el proyecto multicéntrico Estampa, implementado en América Latina por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer y la Organización Panamericana de la Salud– que “ha dado resultados muy auspiciosos”. “El test sería 50% más efectivo para captar lesiones del cáncer que el PAP cuando se aplica en programas que ya están organizados”, adelantó Rodríguez. Detalló que la experiencia piloto trabajó con 1.010 mujeres sanas, a las que se les aplicaron los dos tests, el de HPV y el PAP. “El test HPV detectó que 13 mujeres tenían lesiones precursoras de cáncer y el PAP sólo detectó seis; con este test se logra prácticamente 50% más de detección”, afirmó. Aclaró que su aplicación debe hacerse “paulatinamente por sectores de la población, y en la medida que se vaya avanzando en la organización del programa se irá logrando la cobertura de todo el país”.

Los estudios de ese proyecto piloto se están por publicar, pero la CHLCC, en convenio con el MSP y con ASSE, trabajan en un ensayo de implementación de la aplicación de los tests de HPV “para ir sacando conclusiones de cuál sería la mejor manera de aplicación de este test”, comentó Rodríguez. Si bien el kit del test es más costoso que la realización del PAP, el profesional comparó que una vez que se hace el test de HPV si es negativo, “por cinco años esa mujer está libre del riesgo de realizar una lesión precursora del cáncer, cosa que no sucede con el PAP, que hay que repetirlo de una forma periódica más frecuente porque es menos sensible” y hay que repetirlo a los dos años, por si no logró captar esas lesiones.

Además, el test de HPV no sólo puede aplicarlo el médico, sino también una partera o una enfermera o, incluso, la propia paciente (incluye un cepillo –que se introduce en la vagina y debe girarse tres veces– y un tubo colector que contiene un líquido para preservar la muestra). Rodríguez aclaró que esto debe estar bien organizado, para que la muestra llegue al laboratorio en tiempo y forma y para que los datos sean registrados correctamente.