La piel es el mayor sistema del cuerpo humano. Es una capa de protección entre el interior del organismo y el mundo. En su conjunto llega a pesar cinco kilos aproximadamente y se constituye en tres capas. Cuando se quema, el daño puede ser mortal. “El paciente quemado es el más crítico de los pacientes críticos”, afirmó la jefa de enfermería del Centro Nacional de Quemados (Cenaque), Magdalena Marsiscano, en diálogo a la diaria.

El Cenaque es el único centro de quemados que tiene el país, y eso lo convierte en centro de referencia nacional, por varios motivos: concentra un equipo interdisciplinario de profesionales formados en la atención de las patologías que tratan, tiene equipamiento especializado con tecnología única en el país y de última generación, y recibe pacientes derivados por centros de salud pública y privada de todo el país. Ingresan al Cenaque las personas mayores de 15 años que tienen al menos 20% de su cuerpo comprometido por las quemaduras.

Es un instituto de medicina altamente especializada que funciona desde 1994, a partir de un convenio entre la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar) y el Ministerio de Salud Pública. Se ubica en el piso 13 del Hospital de Clínicas y, como la mayoría de las plantas del viejo edificio, necesita acondicionarse; de hecho, en estos días está por terminarse la obra que pone a punto las salas de cuidados intermedios. Los profesionales del centro aseguran que para la población de Uruguay con las 14 camas que tienen es suficiente; la semana pasada, cuando la diaria recorrió el lugar, había cuatro pacientes críticos. Todos estaban en habitaciones individuales, aislados. Esa es la característica principal de la recuperación; al ser personas que perdieron parte de la piel, están expuestas al daño que pueden producir gérmenes y bacterias que por lo general son inocuos. Los familiares sólo tienen acceso a la habitación dos veces al día y pueden entrar de a uno, no sin antes desinfectarse y colocarse gorro, túnica y botines.

Cifras

Entre 35 y 40 años. Es el promedio de edad de quienes ingresan al Cenaque. “Son muy jóvenes, es preocupante”, consideró Cecilia Hackembruch, responsable de la gerencia general del Cenaque.

15% es la tasa de mortalidad. "Ha ido bajando”. Según Hackemburch, tanto el promedio de estadía como la tasa de mortalidad están en un nivel asimilable a otros centros de referencia en el mundo.

250 funcionarios. Entre ellos hay licenciados en enfermería, enfermeros especializados, médicos intensivistas, cirujano plásticos, anestesistas, psiquiatras, asistentes sociales, fisioterapeutas y administrativos.

50% de los pacientes son derivados del sector mutual y 50% del sector público.

La piel se quema por diversos motivos. Según datos de la institución, la mayoría de los ingresos son por fuego directo, y les siguen las quemaduras por causas eléctricas, por líquidos calientes y por sustancias químicas. Las primeras horas después de la quemadura son fundamentales, aseguró Álvaro Fernández, licenciado en Enfermería especializado en quemados. Por eso el Cenaque dedica una parte de sus recursos a la formación: la del personal del Clínicas pero sobre todo la de los centros del interior del país.

“La quemadura no es sólo el daño a la piel: afecta a todos los sistemas del organismo y lo desestabiliza. Se produce una pérdida de la permeabilidad capilar, es decir, va a pasar para afuera parte del líquido que circula por los vasos, arterias y venas, y por eso, para mantener el funcionamiento de los órganos vitales, principalmente del cerebro y del corazón, se necesita más líquidos”, aseguró Marsiscano. A nivel médico es fundamental la hidratación del cuerpo –se llega a dar 15 litros de suero en las primeras horas– y la liberación de la vía aérea. Según comentó Fernández, “muchas veces llegaban pacientes deshidratados o pacientes que inhalaron humo y no fueron ventilados, y eso es muy grave porque se provoca una quemadura interior. 45% de los ingresos inhalaron sustancias, y por eso, en las formaciones le insistimos al personal médico que, ante la sospecha, lo mejor es intubar al paciente y sedarlo”.

Marsiscano detalló el proceso del ingreso al Cenaque. En primer lugar, cirujanos plásticos y médicos intensivistas hacen una valoración de la extensión y profundidad de las quemaduras. Después, se le saca muestras de las áreas quemadas y sangre para los exámenes de rutina. El cuerpo del quemado necesita ser lavado rápidamente, pero no se puede sumergir. Para eso el Centro cuenta con bañeras especiales (tanques de Hubbard), donde el paciente queda en suspensión, lo que permite una mejor limpieza, porque tampoco se puede arrastrar la piel: hay que lavarla con mucho cuidado, sólo con la mano y con agua y un jabón especial, con tiene tratamiento antibacterial. Luego, se coloca una crema bactericida que, al igual que el baño, ayuda a frenar el daño, porque muchas veces la piel conserva el calor y sigue quemándose varias horas después, detalló.

Block quirúrgico del Centro Nacional de Quemados.
Block quirúrgico del Centro Nacional de Quemados.

Más allá de los buenos materiales con los que trabaja el centro, que incluyen monitores de última generación, Fernández subrayó: “El recurso más importante con el que cuenta el Cenaque es el humano. Si no tuviéramos a los especialistas formados que tenemos, no podríamos trabajar. La situación del quemado cambia momento a momento, porque se descompensan todos los sistemas; entonces, si tenemos el mejor monitor y el ventilador pero no tenemos el mejor personal capacitado que pueda interpretar los distintos síntomas para cada tratamiento, es imposible ayudar”. En este sentido, la Facultad de Enfermería de la Universidad de la República está intentando crear una especialización de posgrado en quemados; hasta ahora, sólo a unos pocos licenciados se les otorgó el diploma de la especialización por competencia notoria.

Alrededor del quemado

Los días pasan en el Cenaque y los pacientes son los mismos. El proceso de curación es muy lento, doloroso y muchas veces solitario, por la restricción de las visitas. El personal de enfermería es la base humana del Cenaque. Licenciados y auxiliares son los que acompañan al quemado durante todo el proceso, que en varios casos llega a durar meses. Marianela Corbo, licenciada en Enfermería, trabaja desde hace ocho años en el Cenaque y aún recuerda a una paciente de 14 años que, por la gravedad de sus heridas, fue derivada al Hospital de Clínicas y llegó a cumplir allí sus 15; la fiesta se la hicieron a medida los profesionales del centro.

“El personal de Enfermería somos los que compartimos más horas y los momentos de mayor sufrimiento con los pacientes. Trabajamos en la recuperación, lo manejamos con medicación y, sobre todo, con la baranda del dolor, que es la parte emocional en la que muchas veces se sostienen para pasar el momento”, comentó Corbo. Asimismo, aseguró que trabajan de forma coordinada con equipos de psicólogos que, al igual que los médicos, son profesionales de la Udelar.

Corbo detalló: “Es difícil porque la familiaridad es mucha: las licenciadas rotamos una vez por mes entre CTI y cuidados medios, los auxiliares van rotando de habitación por día. Son muchas horas de relación con ellos y el momento del dolor genera un vínculo muy importante; no es fácil, hay que irse acostumbrando. Cuando me anoté para trabajar en el Cenaque, la duda más grande era si iba a poder soportar el aspecto emocional que esto implica, porque hay que saber soportar lo que te produce el dolor ajeno”.

Recomendaciones

Retirar a la víctima del foco que ocasiona el daño.

Si se trata de fuego directo: hacer rodar a la persona sobre sí misma y sofocar el fuego con ropas pesadas o cualquier otro elemento que pueda servir para eso.

Si se trata de líquidos hirvientes: mojar a la persona abundantemente con agua a temperatura natural.

Si se trata de agentes químicos: mojarla abundantemente con agua a temperatura natural durante un tiempo prolongado. Un buen indicador de que el agente ha detenido su proceso es cuando la víctima manifiesta que el dolor ha disminuido o ha desaparecido. Retirar la ropa contaminada, utilizando guantes como protección.

Si se trata de agentes eléctricos: retirar a la víctima del agente que provoca la electrocución utilizando material aislante (por ejemplo madera, plástico rígido), identificar la fuente que provoca la injuria e interrumpir su acción.

Fuente: Cenaque.

.