El asunto está demorado, pero se asegura que saldrá. En junio de 2017 el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) abrió una consulta pública para recibir aportes sobre el proyecto de ley que obligará a incluir un rotulado frontal en alimentos envasados –nacionales e importados– que tengan exceso de sodio, azúcares, grasas y grasas saturadas. La consulta cerró en agosto de 2017 y, si bien se ha anunciado que pronto se convertirá en decreto, se hace esperar.

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Según informaron a la diaria fuentes del gabinete, el texto fue modificado y ahora está en etapa de revisión del Poder Ejecutivo. El principal cambio que se introdujo es la flexibilización de los límites. El texto que se había puesto a consideración establecía que el decreto comenzaría a regir 12 meses después de su publicación. La propuesta que baraja ahora el Ejecutivo extiende ese plazo a 18 meses e incluye “un escalonamiento de los límites de los diferentes nutrientes”: a los 18 meses de publicado el decreto, deberán tener el rotulado frontal los alimentos con exceso de sodio (más de ocho miligramos por kilocaloría o 500 miligramos cada 100 gramos), azúcares (20% del valor calórico total y tres gramos cada 100 gramos), grasas (35% del valor calórico total) y grasas saturadas (12% del valor calórico total). El segundo escalón comenzará al menos 48 meses después de aprobado el decreto y lleva a valores más bajos la definición de “exceso de” sodio, azúcares, grasas y grasas saturadas (ver cuadro). Fuentes del Ejecutivo informaron que para esa flexibilización se tuvieron en cuenta planteos de la industria láctea, de dulces y de bebidas.

Al ser consultada por la diaria, Isabel Bove, asesora en nutrición del Ministerio de Salud Pública (MSP), aseguró que “aunque se haya negociado con la industria, los límites que se están fijando están muy bien para hablar de exceso”. Algo parecido respondió Gastón Ares, ingeniero de alimentos y uno de los responsables del núcleo interdisciplinario Alimentación y Bienestar de la Universidad de la República (Udelar), que participó en el proceso de elaboración del rotulado. En diálogo con la diaria, Ares indicó que en esta primera etapa, la que va de los 18 a los 48 meses de aprobado el decreto, “el porcentaje de productos que va a incluir este tipo de octógonos no es muy diferente de los criterios intermedios que está utilizando Chile; tampoco es que estemos haciendo cosas súper flexibles”, aclaró.

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Con el rotulado se apunta a que el consumidor pueda identificar de manera sencilla los alimentos envasados que tienen exceso de estos nutrientes. Bove confía en que la industria se reorientará como lo hizo en Chile, el primer país de América Latina en implementar, en 2016, el rotulado de alimentos envasados. “Muchos productos se van a reformular, y esto va a ser muy bueno; otros es imposible reformularlos. Por ejemplo, cuando yo como un chocolate está claro que tiene grasa y tiene azúcar, pero lo estoy comiendo a conciencia. No apuntamos a eso, sino a otros productos que creemos que son saludables pero no lo son”, advirtió.

De aprobarse tal como está, el decreto prohibirá a todas las dependencias del Poder Ejecutivo que acepten donaciones de alimentos con este rotulado frontal, y exhortará a los centros educativos, tanto públicos como privados, y a centros de cuidado que desalienten el consumo de estos alimentos. “Es la zanahoria que le tenés que dar al que hace un producto de buena calidad”, sostuvo Bove.

Bien pensado

El último borrador del decreto cambió la imagen del rótulo inicial –los octógonos que se usan en Chile–, de forma de transmitir mejor el mensaje (por eso se optó, por ejemplo, por la leyenda “exceso de”, en lugar de “alto en”). Todas las definiciones se adoptaron en función de un detallado estudio de la Udelar.

Ares informó que después de la consulta pública “se evaluaron todos los comentarios que se recibieron, y se consideraron los más relevantes” y se descartaron los que no tenían justificación científica o técnica, ni real, como los que decían que los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio no permitían recurrir a este tipo de iniciativas. “A partir de comentarios y del análisis de la realidad de los productos que se venden, lo que se hizo fue determinar cuáles eran los criterios transitorios que permitirían que, cuando se implementen, la gente no vea el 100% de los productos con un tipo de octógono, porque eso tampoco sería eficiente para lograr cambios en los hábitos” de alimentación, planteó Ares. “Se trató de lograr un balance por el que se haga una implementación progresiva, que es lo mismo que hizo Chile, pero respondiendo no sólo a los comentarios de la industria, sino también al análisis del equipo técnico”, añadió.

Si bien el decreto no se ha aprobado, la experiencia uruguaya ya es ejemplo para otros países. Ares comentó que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) está organizando reuniones técnicas para tratar de acordar los procedimientos que pueden seguir los países latinoamericanos. Para eso Ares estuvo hace dos semanas en Barbados, en donde “el proceso que siguió Uruguay se consideró un proceso ejemplar”. “Hay dos puntos clave: los acuerdos interinstitucionales que se establecen, donde hay una participación de los distintos ministerios, y, por otro lado, la participación de la academia en el proceso: todas las decisiones que tienen los octógonos, hasta el tipo de letra, tiene evidencia científica. La palabra que está adentro, la forma, el color... No hay nada librado al azar, no es un antojo de un grupo de gente. Todo tiene una justificación. Eso no es común en ninguno de los procesos que se han dado en el mundo”, afirmó el investigador.

Justificación

El borrador del decreto señala que hay evidencia de que el consumo de alimentos con agregado de excesiva cantidad de grasas, grasas saturadas, sal y azúcares “se asocia con el desarrollo de obesidad y otras enfermedades no transmisibles”. Detalla que, de acuerdo con datos de la OPS, entre 1999 y 2013 se triplicó la venta de bebidas azucaradas y se duplicó la de alimentos con exceso de azúcares, sal y grasas. Al mismo tiempo, el sobrepeso en adultos creció de 52,5% a 64,9%; 39% de los niños y adolescentes tienen sobrepeso. Los ministros de Salud del Mercosur acordaron en 2015 mejorar el rotulado nutricional de los alimentos y su publicidad, y para eso fue que el MSP uruguayo convocó a un grupo de trabajo interministerial, al que se sumaron la Intendencia de Montevideo, la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular, el Núcleo Interdisciplinario Alimentación y Bienestar, la OPS, UNICEF y la FAO, que fue el encargado de redactar la propuesta de rotulado.