Salud
Fernando Tomasina. Foto: Andrés Cuenca

Espíritu universitario

Una charla con Fernando Tomasina, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.

En agosto de este año, Fernando Tomasina finalizará su segundo y último período como decano de la Facultad de Medicina, cargo que ocupa desde 2010. Con la excusa del cierre de este ciclo, la diaria habló con él sobre varios temas vinculados con la facultad y también sobre lo que viene.

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¿Uno de los principales debes que le quedó en su gestión es no haber podido concretar la reforma del Hospital de Clínicas (HC)?

Yo soy muy optimista siempre, y la lectura que hago es que avanzamos en muchos aspectos en estos años en el HC. Tenemos una nueva ordenanza del HC que es acorde a los tiempos actuales, pero aún no está completa toda la estructura, sobre todo en la parte académica. Esta nueva ordenanza posibilitó que el hospital universitario esté integrado de hecho al resto de los efectores públicos.

Si bien aún no se concretó la integración total del HC al Sistema Nacional Integrado de Salud...

Bueno, esa es siempre la discusión: ¿qué es lo que entendemos por integración? Creo que el HC es un efector indispensable, y está demostrado por indicadores, para el sector público, fundamentalmente para la Administración de Servicios de Salud del Estado [ASSE], siendo el tercio mayor de las consultas de emergencia, de las coordinaciones de cirugía, de la internación en CTI. Además hemos avanzado en algunos convenios que nos han hecho articular mejor, en particular un convenio que se firmó en 2010 que se reformuló en 2014 de créditos que sostienen gastos de funcionamiento e inversión –el famoso convenio por los 70 millones de pesos, que hoy son casi 140–, que constituyen otra vía de financiación en este camino de ir integrando a un hospital que, y este es otro componente; se reafirmó como hospital universitario, que tiene entre sus funciones no sólo la asistencia sino también el desarrollo de la investigación y la enseñanza, que por otra parte no es sólo para la Facultad de Medicina. La propia Facultad de Medicina es, en los hechos, una facultad de ciencias médicas, en la que tenemos 20 carreras de grado propias, entre la Escuela de Parteras, la Escuela de Tecnología [Médica] y, entre comillas, la “escuela de medicina”. Tenemos una gran diversidad de formación de grado de profesionales que integran los equipos de salud, porque ahora la mirada ha cambiado, ya que no es exclusivamente el médico quien resuelve las situaciones, sino un equipo. Entonces el HC es un lugar esencial de práctica, de formación y de capacitación. Yo creo que esos aspectos se reforzaron durante todo este proceso de discusión de la nueva ordenanza del hospital. En el proyecto de refuncionalización trabajamos junto con la Facultad de Ingeniería y la Facultad de Ciencias Económicas, y se llegó a un acuerdo en el que, valorizando la estructura actual del hospital y generando una compactación de distintos niveles en lo asistencial, se llegó a un proyecto edilicio que yo creo que nos da una orientación de hacia dónde podemos ir en la reforma estructural del HC. Y si bien no llegamos a tener la financiación, porque en el proceso de discusión hubo diferencias, se logró una financiación alternativa que es menor, en el entorno de los dos millones y medio de dólares, que es un cuarto aproximadamente de lo que estábamos pidiendo, pero que permite que hoy podamos empezar un proceso a partir de un proyecto que tenemos claramente establecido. Por lo tanto, yo el tema del HC lo veo con optimismo. Estamos caminando y no en una meseta.

Uno de los principales cambios que se realizaron en la Facultad de Medicina durante su gestión fue la implementación del nuevo plan de estudios, ¿qué evaluación hace?

El plan era una necesidad que teníamos como facultad y como Universidad de la República de adecuarnos a las necesidades del sistema como tal. El nuevo plan tiene un énfasis en lo que es la estrategia de la atención primaria de la salud -una estrategia que está asumida como país-, que le dé importancia a la formación de los estudiantes de Medicina en lo que es el primer nivel de atención, sin desconocer, claro está, los otros niveles. Pero hay un énfasis en la atención primaria, en la lógica de la accesibilidad, de llegar a los lugares en los que vive la gente, a la comunidad donde trabaja y estudia. El nuevo plan también contempla los tránsitos horizontales a través de la herramienta del crédito académico, que facilita y agrega la posibilidad de otros tránsitos si el estudiante entiende que debe cambiar de orientación. El nuevo plan también le da mucha importancia a la bioética, a los contenidos humanistas, apuntando a la necesidad de tener profesionales que además de contar con sólidos conocimientos técnicos en medicina, también tengan una actitud humana. Además, se tienen muy en cuenta en el nuevo plan las técnicas comunicacionales, que creo que son un elemento sustantivo. El plan se adapta a algo que es un imperativo: entender a la formación como un proceso continuo; por eso hay una sólida formación en la metodología científica, para que sea aplicada a lo largo del desarrollo de la profesión. Porque a lo que apuntamos es a que los médicos sean profesionales comprometidos con la idea de aprender de forma permanente. El nuevo plan de estudios además contribuye de manera directa con el proceso de reforma de la salud que se está viviendo en el país, en el que uno de los ejes es el cambio en el modelo de atención. Ahí creo que el profesional que está egresando con este nuevo plan de estudios tiene un mejor perfil. Por supuesto que hay que evaluar el nuevo plan, que ha sido acreditado de acuerdo a los criterios que hay en el Mercosur. Ahora, precisamente, estamos en la fase de iniciar nuevamente la autoevaluación para presentarnos a una nueva acreditación en 2019. También tenemos en esta oportunidad de evaluación una instancia para corregir y hacer los ajustes necesarios, porque una cosa es tener el plan pensado desde el punto de vista teórico y otra tener ya tres generaciones de egresados, ya que la tercera va a recibirse en julio. También tenemos un desafío en el constante aumento de estudiantes que hay en la facultad. Cuando inicié el decanato, en junio de 2010, ese año habían ingresado 950 estudiantes, y este año ingresaron 2.100 estudiantes sólo en la carrera de Medicina. Ha habido un fuerte crecimiento en el número de estudiantes, algo muy positivo visto desde la perspectiva social, porque habla de una importante democratización de uno de los derechos centrales, que es la educación, y en particular de la educación terciaria. Creo que en ese sentido la Universidad de la República está contribuyendo muy claramente con el desarrollo del país. Contar con profesionales es una contribución con el desarrollo cultural, científico y social del país. Tenemos algunos datos que muestran, además, que ha habido claramente un elemento democratizador de la educación. Hay una encuesta de 2015 que mostraba que más de 50% de los estudiantes que estaban cursando provenían de familias en la que ninguno de los dos padres eran profesionales. Eso es un buen indicador y debemos profundizarlo.

¿Qué se ha hecho desde la Facultad de Medicina para tratar de romper los nichos de poder que se dan particularmente en las especialidades más lucrativas, en las que a veces los estudiantes están varios años para poder acceder a las pruebas de posgrado?

Hay dos aspectos en ese tema. Nosotros estamos tratando de superar un modelo de cátedra, que ya se ha superado en el mundo, y apuntamos a implementar uno de departamentos o institutos. Creemos que es un modelo que lleva a modernizar las relaciones desde una lógica distinta de la cátedra, en la que el catedrático o el profesor era el depositario del conocimiento y era el que dirigía y ordenaba. Nosotros apuntamos a un modelo de conducción distinta, donde participa todo el equipo, profesores titulares y profesores agregados, en una lógica de rotación en la conducción que es mucho más horizontal. Los institutos profundizan aun más esa relación, incorporando además la participación del cogobierno, de todos los órdenes, en la conducción. Eso ha tenido un avance en los últimos meses en particular, y ha habido discusiones al respecto en el claustro de nuestra facultad. Eso por un lado. Por otro, nosotros hemos colaborado y participado en el observatorio en relación a la necesidad de recursos especializados. Hemos trabajado en este aspecto en articulación con ASSE y con el Ministerio de Salud Pública a través del Programa de Fortalecimiento y Formación de los Recursos Humanos del Subsector Público, que ha creado las Unidades Docentes Asistenciales y que ha financiado el aumento de cupos en residencia de especialidades clínicas. Un ejemplo muy claro es el de anestesiología, pero en general ha habido un crecimiento en todas las especialidades en las que se han detectado necesidades por parte del sistema. Ese es otro concepto importante: se ha comenzado a trabajar mucho más en red con el sistema. Ha habido un crecimiento importante en las residencias financiadas por instituciones mutuales, pero siempre manteniendo la conducción académica por parte de la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina. Ahí las instituciones claramente tienen un beneficio, porque la enseñanza genera un círculo virtuoso de estímulo al médico y a todo el equipo de salud. Creo que ahí hay un potencial interesante y me parece -esto es una opinión personal- que el sistema debería incorporar dentro de las metas de una institución aquellas que contribuyen a la formación de recursos humanos. Es una línea y un estímulo que debería realizarse en el marco de la profundización de la reforma de la salud.

En los últimos años la Facultad de Medicina tuvo una buena experiencia de formación en Paysandú y Salto, donde desde hace algún tiempo se pueden realizar los últimos años de la carrera. Usted destacó que aproximadamente 70% de los médicos que se reciben en esas ciudades se quedan trabajando en la zona, ayudando a disminuir la disparidad de distribución de los médicos en el país. ¿Qué más se puede seguir haciendo desde la Facultad de Medicina para reforzar esa tendencia?

Hemos avanzado mucho, pero seguimos teniendo una asimetría en la distribución de médicos, sobre todo al norte del río Negro. Desde la Universidad se ha hecho un esfuerzo muy importante en la descentralización, sobre todo en el litoral, y hoy allí se ha generado un contexto universitario favorable para seguir desarrollando propuestas. La discusión sobre el tema todavía no está cerrada, pero en lo personal considero que necesitamos completar toda la carrera de Medicina en el litoral. Actualmente en Salto y Paysandú se pueden cursar los cuartos, quintos y sextos años de la carrera, además del internado, que constituye gran parte de esta. Pero desde que existe el Ciclo Inicial Optativo en el Área de Salud [CIO], que es una nueva modalidad de ingreso a la Universidad, los estudiantes pueden iniciar el primer año de Medicina en Salto y Paysandú aprobando dos cursos optativos obligatorios y después tienen que venir a Montevideo para hacer segundo y tercero. Entonces estamos bastante más cerca, porque tenemos un primer año que es equivalente, si bien no es el primer año de Medicina. Tenemos unas primeras evaluaciones preliminares que confirman que a los estudiantes que han ingresado a la Facultad de Medicina desde el CIO les ha ido bien. Ahora estamos estudiando alternativas y estrategias académicas para poder hacer segundo y tercer año de la carrera en Salto y Paysandú, y estamos muy cerca de poder conseguirlo.

¿Cómo evalúa el rectorado de Roberto Markarian?

Creo que el rector Markarian ha sido una persona que sin duda ha estado comprometida con la Universidad, en el sentido de la preocupación de lograr que esté en la discusión de todos los temas que hacen a la sociedad en su conjunto. Ha sido claro que tenemos distintas formas de pensar, pero yo rescato el valor y el espíritu universitario que ha tenido.

Su nombre se ha manejado en varios ámbitos como candidato para ser rector de la Universidad: ¿usted aspira a serlo?

En lo personal no aspiro a eso, porque creo que debe ser el demos universitario el que debe decidir sobre el tema, sobre quiénes pueden ser los mejores conductores o articuladores de la política universitaria. Tampoco aspiraba a ser decano de la Facultad de Medicina, lo digo sinceramente, y hace ocho años que lo soy; lo que uno es también lo definen el contexto y las decisiones colectivas. Yo me defino como una persona que trabaja en grupo, que apunta a la participación en todos los niveles, que busca los acuerdos y consensos que son los que realmente construyen a las instituciones. Apelo a un modelo de participación y de respeto a la diversidad que creo propio de la Universidad. Lo digo sinceramente, ser rector no está en mi proyecto personal ni tampoco familiar, pero reconozco que también soy parte de una institución y, si hay quien convoque, entonces se discutirá.

Perfil

Fernando Tomasina nació en Montevideo el 3 de julio de 1960. Está casado, tiene cuatro hijos y actualmente vive en el Centro. Si bien es oriundo del barrio Peñarol, es hincha del Racing Club de Montevideo y durante muchos años vivió en el Complejo Euskalerría 70. Se recibió de médico en 1987, es especialista en salud ocupacional y actualmente es el director del Departamento de Salud Ocupacional de la Facultad de Medicina.

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